The Official Website of Serge Ibaka

For the love of the game / Por el amor al juego

In the summer, it gets dark pretty soon in Brazzaville. When Serge Ibaka calls some of his childhood friends to ask them If they want to go play pick up basketball, he knows there might be only a couple of ours of natural light left. He also knows the court where they will go to has no light posts. But, anyway, he doesn’t want to miss the opportunity to go back to one of the places where he grew up playing at. The chance to just be, in a way, the same kid that could only dream about playing in the NBA one day. “I used to just play with friends whenever I had the chance. It was very instinctive, we just played ball when we found a court and a basketball”, he says.

There isn’t a good sports infrastructure in Brazzaville, the capital of the Republic of Congo where he was born 23 years ago, something Ibaka is working on improving, and the basketball court at the Chaminade school is a good example.  When he arrives his friends are already there. They are excited to welcome the friend that has become the idol, the city neighbour that has made a difference and that tries to lead by example. In Congo, Ibaka runs his own basketball camp in Brazzaville and collaborates with other organizations and never misses the chance to tell the young kids to work hard for their dreams, to try not to feel sorry for themselves and not to complain about the tough circumstances of their country. After all, he also played in banged up courts with no light as a kid.

Nobody knows an NBA player is there, and a game of three on three takes place as the night approaches. Ibaka takes it easy but still makes it competitive. They all have fun, and he feels happy, free. “This is not a big arena, there is no public and we can’t barely see the all, but it’s fun, I love it. I really wanted to play with friends while I was here, this is where it all started for me and it’s special to remember those times”. They only stop playing when it’s dark night. After, his friends take cell phone pictures with him and chat in a nearby grocery store. They all play in the domestic league. They don’t make any money doing it, not like his famous friend. They play for the love of the game. Just like Serge Ibaka did in this summer night.

VIDEO / PHOTOS

En verano oscurece pronto en Brazzaville. Cuando Serge Ibaka llama a algunos de sus amigos de la infancia para preguntarles si quieren ir a jugar a baloncesto, es consciente de que a lo mejor solo quedan un par de horas de luz natural. También sabe que la cancha donde irán no tiene postes de luz artificial. Pero, de todas formas, no quiere perder la oportunidad de volver a uno de los sitios en los que creció jugando. La oportunidad de ser, de alguna forma, el mismo chico que solo podía soñar con jugar en la NBA algún día. “Acostumbraba a jugar con los amigos siempre que tenía ocasión. Era muy instintivo, simplemente jugábamos cuando encontrábamos una pista libre y un balón”, comenta.

No hay buenas infraestructuras deportivas en Brazzaville, la capital de la República del Congo donde nació hace 23 años, algo en lo que Ibaka está trabajando para mejorar. La cancha de la escuela Chaminade es un buen ejemplo. Cuando llega, sus amigos ya están ahí. Están excitados por recibir al amigo que se ha convertido en ídolo, el vecino de la ciudad que ha conseguido ser un referente y que trata de liderar con el ejemplo. En el Congo, Ibaka organiza su propio campus de baloncesto y colabora con diferentes organizaciones y nunca pierde la oportunidad de decir a los chicos jóvenes que deben trabajar duro para intentar cumplir sus sueños, que no deben sentir pena por ellos mismos ni quejarse de las duras circunstancias de su país. Después de todo, él también jugó en canchas desgastadas y sin electricidad cuando era un niño.

Nadie sabe que un jugador de la NBA está aquí, y un partidode tres contra tres empieza cuando la noche se acerca. Ibaka se lo toma con calma, pero compite. Todos pasan un buen rato, y él se siente feliz, libre. “Esto no es un gran estadio, no hay público y apenas tenemos luz, pero es divertido, me gusta. Tenía ganas de jugar con los amigos mientras estaba aquí. Es donde empezó todo para mí y es especial recordar esos tiempos”. Solo paran de jugar cuando es negra noche. Después, sus amigos toman fotos con él con sus teléfonos y hablan distendidos en una tienda de ultramarinos cercana. Todos ellos son jugadores de la liga local. No ganan dinero jugando, no como su amigo famoso. Sólo juegan por el amor al juego. Igual que lo hizo Serge Ibaka en esta noche de verano.